08/10/2019

La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la piel, especialmente a la del rostro. El enrojecimiento es uno de sus signos más característicos; en algunos pacientes también pueden aparecer granos rojos con pus, así como pápulas y pústulas.

Algunos de estos signos resultan más fáciles de tratar que otros, las pápulas suelen tratarse con antibiótico. Sin embargo, el abordaje del componente vascular es más complicado; son las dilataciones vasculares las que dan lugar al enrojecimiento, particularmente en la nariz y las mejillas.

Se desconoce la causa exacta por la que se produce el desarrollo de esta hipereactividad vascular. La dilatación de los vasos sanguíneos de la cara está controlada por un mecanismo complejo en el que influyen factores emocionales y constitucionales, entre otros. Así, existe mayor predisposición en unas personas que en otras a sufrir este proceso.

Algunos tratamientos para la hipereactividad vascular tienen un efecto vasoconstrictor, actuando sobre los receptores alfa2-adrenérgicos que se encuentran en las células de los vasos sanguíneos de la piel, activándolos y dando lugar al estrechamiento de estos vasos. Este estrechamiento conduce a la reducción del flujo de la sangre a la cara y, consecuentemente, a la reducción del enrojecimiento.

En los últimos años, se ha avanzado mucho en el tratamiento de esta enfermedad. Hasta fechas recientes, lo que se utilizaba era un conjunto de productos dermocosméticos con extractos vegetales que daban lugar a cierta vasoconstricción, pero con efectos muy limitados. También se pueden aplicar maquillajes especiales para enmascarar. Asimismo, el láser es otra opción para destruir los vasos dilatados y, en casos graves, se puede optar por técnicas quirúrgicas.

Los dermatólogos recuerdan algunas recomendaciones: evitar ambientes cerrados y calurosos, comidas fuertes y con muchas especias, así como el alcohol y la exposición solar.


Autor: Ana Martín